No me toques, no me mires,
o te estampo contra el muro,
no soporto a las mujeres

de cerebro casi nulo.
Esta vez no terminamos
con murmullos en la cama,
ni en la ofensa, ni en la angustia
de un orgasmo con desgana.

No, y cuando digo no, es...

Si, es verdad, te la he pegado
y con tu mejor amiga,
pero tu ya te has vengado
con aquel maldito idiota.
Es verdad que estamos hartos,
damos vueltas de peonza,
en las noches de pastillas
para adormecerse al alba.

No, que no, a todo esto digo no,
y no, a toda costa digo no.

Quererse mal es morirse de amor,
es mirarse al espejo en un cuarto por horas.
Quererse mal es un mal sueno obsceno,
el grito final, es la orgía sin freno,
es una guadaña que todo lo arrasa ante ti, así...

Y a todo esto digo no,
y no, y a toda costa digo no.

Tu que compras las revistas
de princesas, de magnates,
te desnudas y te vistes
hasta para ir al retrete.
Eres como fue tu madre,
casi siempre en contra mía,
como hacía con tu padre,
como lo mató la arpía.

No, que no, y a toda costa digo no,
que no, y cuando digo no, es no.

Y quererse mal es un largo camino,
un pozo sin fondo, un bastardo destino,
el gusto cobarde de hacer que se acabe
la historia que apenas comienza a crearse,
tomar a los otros de contrafigura de ti, de mi.

Y cuando digo no, es no, que no, que no, que no.

Y quererse mal es lo que nos separa,
se aprende en la escuela, lo enseñan en casa,
es miedo al amor, esa es nuestra cultura,
querer ser mejores, sinceros, profundos
y en cambio la luna se escapa del mundo, de ti, de mi.

Y a todo esto digo no,
que no, y a toda costa digo... no.

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